
Después de 14 años liderando una de las franquicias más importantes de la cultura popular, Kathleen Kennedy deja su cargo como presidenta de Lucasfilm, marcando el final de una etapa clave para Star Wars y el inicio de una nueva era creativa y corporativa dentro del estudio. Su salida, efectiva esta semana, había sido anticipada desde hace tiempo, pero no por ello deja de sentirse como un verdadero terremoto en Hollywood.

Kennedy asumió el mando de Lucasfilm en 2012, poco antes de que Disney adquiriera la compañía por 4 mil millones de dólares. Proveniente de una carrera legendaria como productora —con títulos como E.T., Indiana Jones y múltiples nominaciones al Óscar—, fue la figura encargada de relanzar Star Wars en el cine tras una década de ausencia. El resultado inicial fue The Force Awakens (2015), un fenómeno global que recaudó más de 2 mil millones de dólares y reintrodujo la saga a una nueva generación.
Su gestión, sin embargo, estuvo lejos de ser tranquila. A los enormes éxitos de taquilla se sumaron decisiones polémicas, cambios de directores en plena producción, proyectos anunciados que nunca llegaron a concretarse y una base de fanáticos cada vez más dividida. Aun así, Kennedy dejó una huella clara en la historia moderna de Star Wars, tanto en el cine como en la televisión.
Aunque abandona la presidencia, Kennedy no se aleja del todo de la galaxia. Continuará como productora en los próximos largometrajes del estudio, The Mandalorian and Grogu, con estreno el 22 de mayo de 2026, y Star Wars: Starfighter, prevista para 2027, mientras desarrolla otros proyectos como productora independiente.
El nuevo liderazgo queda repartido entre dos figuras internas. Dave Filoni, considerado el heredero creativo de George Lucas y una de las mentes más influyentes del universo Star Wars reciente, asume la presidencia creativa del estudio. Por su parte, Lynwen Brennan tomará las riendas del área de negocios como co-presidenta. La división entre lo creativo y lo corporativo sigue una estrategia ya utilizada por Disney en otros estudios de animación y cine.
El legado de Kennedy también se extiende con fuerza al streaming. Su decisión de llevar Star Wars a la televisión con The Mandalorian no solo revitalizó la franquicia, sino que convirtió a Grogu en un ícono cultural y ayudó a definir el lanzamiento de Disney+. No todas las series posteriores tuvieron el mismo impacto, pero producciones como Andor demostraron que la saga podía explorar narrativas más adultas y políticas, acumulando premios y elogios de la crítica. En total, las series de Star Wars bajo su mandato lograron decenas de nominaciones al Emmy.
Ahora, con Filoni y Brennan al mando, Lucasfilm entra en una etapa cargada de expectativas. Para algunos fanáticos, el cambio representa una nueva esperanza creativa; para otros, existe el temor de que el estudio continúe por caminos ya conocidos. Lo cierto es que, tras un periodo de relativa inactividad mientras se definía la sucesión, todo apunta a que el desarrollo de nuevos proyectos volverá a acelerarse.
Con dos películas ya fechadas y varias series en camino, Star Wars enfrenta nuevamente el reto de reconectar con el público y recuperar la sensación de evento cultural que definió a la saga durante décadas. La Fuerza cambia de manos, y el futuro del universo galáctico vuelve a estar en juego.
