Una joya inesperada: Predator: Badlands (2025) sorprende con emoción y alma


Nota: Esta reseña no contiene spoilers.

Dirigida por Dan Trachtenberg, Predator: Badlands es una de esas raras secuelas que logra lo impensable: honrar una franquicia icónica mientras la reinventa con frescura y humanidad. Con una duración ágil de 1 hora y 47 minutos y clasificación PG-13, la película combina acción, aventura y una inesperada carga emocional que la distingue del resto de la saga.

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11/09/2025 01:29 am GMT

La historia sigue a un joven Predator desterrado de su clan, que encuentra en Thia (Elle Fanning) una aliada improbable durante su búsqueda del adversario definitivo. Lo que podría haber sido un simple ejercicio de nostalgia o repetición se convierte, bajo la dirección precisa y contenida de Trachtenberg, en una aventura de dos marginados que aprenden a confiar el uno en el otro en medio de un mundo hostil.

El ritmo es excelente: no hay escenas sobrantes ni largas exposiciones; la película fluye con una energía constante que equilibra el suspenso y la emoción. Aunque el universo Predator —y por extensión, el de Aliens— suele asociarse al terror y al gore, Badlands opta por otro camino: es una película de aventuras con tensión y atmósfera, pero sin perder el espíritu de espectáculo accesible para un público más amplio.

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11/09/2025 01:30 am GMT

Visualmente, es deslumbrante. Las tomas iniciales son tan impactantes que uno podría creer que detrás de la cámara estaba Denis Villeneuve. La fotografía explora vastos paisajes y luces crepusculares que dotan al filme de una estética casi mística.

Elle Fanning aporta una interpretación sólida y carismática; su Thia equilibra el drama y el humor con naturalidad, inyectando ligereza sin romper el tono general. Por su parte, Dimitrius Schuster-Koloamatangi sorprende al dotar al joven Predator de una expresividad y fisicalidad que trascienden el disfraz: logra que empaticemos con una criatura que, hasta ahora, había sido solo sinónimo de amenaza.

Es cierto que hay algunos momentos de CGI cuestionable y que el último acto incurre en un par de conveniencias narrativas. Sin embargo, a esas alturas, la película ya nos tiene tan inmersos en su historia que esos detalles apenas restan impacto.

En resumen, Predator: Badlands es una joya inesperada: un filme visualmente impresionante, narrativamente fluido y emocionalmente resonante. Trachtenberg consolida su talento para reimaginar mitos del cine de acción y ciencia ficción, y demuestra que incluso un Predator puede tener alma.